Evolución de Montjuïc,
la montaña “en” Barcelona.
La montaña de Montjuïc,
emblemática para Barcelona, accidente geográfico de 450 hectáreas
y más de 300 metros de altura, limita junto al mar la Barcelona
sur. Durante siglos fue un lugar estratégico para la defensa de
la ciudad y desde la época romana, sus canteras de roca arenisca
suministraron las piedras y gres para la construcción de los más
importantes edificios e infraestructuras, como la muralla que la rodeó,
proveyendo abrigo y seguridad a los ciudadanos durante siglos. La montaña
incrementa su pendiente a cuatrocientos metros de la Avenida del Paralelo,
donde se ubicaba aquella, la muralla que fue “construida entre los siglos
XIII y XV y derribada por clamor popular a partir de 1854”... La determinante
medida condicionó el futuro porque “la capital catalana vencía
así su miedo al entorno y ganaba el espacio necesario para su expansión
industrial”.(Punzano, I. 2007).
En la ciudad, templos, calles, infraestructuras
edilicias de signos diversos, para cuya construcción se hicieron
servir las piedras de Montjuïc, aún hoy nos regalan su añeja
belleza y función. En la montaña, los primeras construcciones
hoy emblemáticas como el cementerio judío o el castillo,
-que representó a Madrid y puso a la ciudad de bruces contra el
mismo en el siglo XVII-, son infraestructuras que desde su construcción
nunca estuvieron ajenas al interés de los barceloneses. Los lugares
utilizados para el pastoreo y el cultivo, las canteras que la horadaron,
los caminos solitarios de tierra aptos para acciones secretas con gente
de paso o que convenía el encuentro así como escondites donde
seguramente se urdían traiciones y compromisos, eran estructuras
e interacciones de personas habituales desde que comenzó el proceso
de la ciudad actual. Militares, bandoleros o viajeros y cuántos
otros hubiera, se apropiaron de los lugares tan diferentes a lo hoy que
es Montjuïc, un parque turístico y deportivo.
La montaña históricamente
fue un enclave de apropiaciones de diversa índole. Los primeros
ocupantes desde que la misma comenzó a integrarse en la ciudad,
a partir de la segunda mitad del S XIX, fueron los trabajadores que vinieron
ante la demanda de mano de obra después del derrumbe de la muralla,
cuando nuevos pueblos periféricos de la ciudad que hoy son barrios
de la misma como Gracia y Sants, necesitaban ser incorporados mediante
vías y barrios intermedios
.
Esa llegada ingente de numerosos
forasteros en busca de trabajo se fue instalando en la ladera de Montjuïc.
La creciente formación de asentamientos precarios iban simultaneándose
desde la aún no construida Av. de la Exposición hasta llegar
al Castillo de Montjuïc. Cada lugar tomaba el nombre de las personas
más representativas del núcleo familiar. Precisamente, el
espacio rebautizado hoy como “Viloma Montjuïc” por los nuevos ocupantes
a tiempo parcial, los bolivianos del Valle Bajo cochabambino, estuvo habitado
por personas que durante años trabajaron los huertos de la montaña
–“Can Jeperut” y “Ca la Maria” entre otros- algunos de los que fueron desalojados
en un plan del ayuntamiento iniciado por el gobierno franquista en 1949
y llevados al extrarradio de la ciudad como a Ciutat Badía en Sabadell,
una ciudad contigua a Barcelona mientras que otros que alargaron su estada
hasta un tiempo antes de los Juegos olímpicos de 1992 cuando fueron
definitivamente desalojados.
Montjuïc hoy: entre el “modelo
imperante” y la imperante necesidad de un modelo.
Algunos autores que cuestionan los
efectos urbanos en las ciudades cuyo énfasis está más
cercano al negocio que a la gente, parecen coincidir en que la misma cambia
de estructuras en tanto se deja de lado la creación de ciudadanía
para anteponer proyectos con un claro perfil privatizador. Jordi Borja,
traduce en “La ciudad conquistada”, una idea de la ciudad y sus espacios
que se nos hace difícil dejar de transcribir en tanto que resume
un marco que conjuga la opción “no oficial” del espacio público:
traduce de Habermas, que “el espacio público es donde la sociedad
se fotografía, el poder se hace visible y se materializa el simbolismo
colectivo” o parafraseando a Henri Lefebvre, sostiene que el espacio público
es “la sociedad inscrita en el suelo...”. Para Julio Cortázar, sostiene
Borja, es “un lugar con mucha gente que interactúa cara a cara...”
“Una concentración de puntos de encuentro”, donde “lo primero son
las calles y las plazas, los espacios colectivos, y sólo después
vendrán los edificios y las vías, que son los espacios circulatorios”
(Borja, J. 2003)
En la primavera del 2003, Antoni
Falcón, gerente del Centro Gestor del Parque de Montjuïc, sostenía
que desde noviembre de 2001 se comenzó a gestar una importante mejora
que vendría a culminar la gran obra de la exposición de 1929
y la segunda reforma de 1992 para los Juegos Olímpicos. Esta reforma
se concretaría en tres ámbitos: el cultural, el deportivo
y el ecológico con el nuevo Plan de Usos. Sin embargo Montjuïc
hoy es la realidad confrontada entre opciones disímiles que se oponen
para gestionar un uso acertado de la montaña. El “Plan de usos de
Montjuïc” aún no se sabe con exactitud qué reformas
pretende. La edil del distrito de Sants – Montjuïc, Sra. Imma Moraleda,
ha prometido en la prensa de la ciudad presentar definitivamente dicho
plan durante el año 2008 (El Periódico, 06-03-08), sin embargo
la realidad es que se van a cumplir siete años en su preparación
y hasta el momento no se ha podido saber demasiado sobre el mismo, de lo
que podría deducirse que las partes no llegan a ponerse de acuerdo.
La idea oficial por el momento se
traduce en rentabilizar la montaña, sobre todo las grandes infraestructuras
que se hicieron para los JJOO de 1992. Realmente esa es una preocupación
que ya se planteó cuando una vez finalizados los Juegos donde se
debían tomar decisiones estratégicas sobre pabellones, pistas,
piscinas y otras instalaciones que no podían infrautilizarse y a
las que se tenía que rentabilizar una vez se habían construido.
Actualmente se cuenta con un organismo gestor del parque, “Barcelona Serveis
Municipals” empresa municipal que pretende hacer “un gran parque central
de la ciudad con una oferta atractiva de cultura, naturaleza y deporte”.
(B-SM, 2008)
Entre esas dos grandes líneas
de gestión Montjuïc se muestran distintos matices que le dan
más o menos predominio a la opción empresarial, económico-financiera
promotora de macroestructuras y/ o macroeventos o la de incentivar
a la ciudadanía al uso y disfrute del parque con libertad, promoviendo
la autogestión y donde el trasfondo económico no sean un
fin en sí mismo sino un sostén creador de ciudadanía.
Urbanistas, arquitectos y antropólogos, entre otros estudiosos del
espacio público que han puesto énfasis en las políticas
de la ciudad, han desenmascarado algunos proyectos que legitiman
-como sostiene el arquitecto Josep Mª Montaner-, “la evolución
(del parque) seguida en las últimas décadas como lugar de
ocio, consumo y turismo, (que) como reserva para ir construyendo, no afronta
las tres mayores dificultades: la excesiva subdivisión y privatización,
su problemática accesibilidad y relación con los barrios
colindantes, y la amenaza a parte de su memoria y a sus valores medioambientales”.(Montaner,
J.Mª. 2007).
Las privatizaciones del parque para
estructuras con marcado acento económico como el nuevo hotel en
Miramar, donde una de las vistas panorámicas más bonitas
del puerto de Barcelona es ahora un espacio reservado a quien lo pueda
pagar, ha movilizado a la opinión pública en contra de la
privatización de la montaña. Las postura sobre dónde
debe ponerse el énfasis, si preferentemente en la rentabilidad social
o económica, están sobre la mesa, aunque actualmente parecería
ser que el mercado, más o menos disimulado con grandes celebraciones
multitudinarias para la gente, es la apuesta de las autoridades administrativas.
Otro aspecto a tener en cuenta que
está relacionado íntimamente con la dualidad anterior es
el tratamiento de las personas y de grupos que se mueven en Montjuïc.
Los edificios y las vías, esos “espacios circulatorios”, lugares
de comunicación que sirven de soporte a un parque comprometido con
“la ciudad cívica”, suelen ser ocupados por personas que no siempre
atienden a los fines para lo que esos espacios han sido creados. Los ocupantes
circunstanciales recatalogan espacios dándoles un uso que seguramente
sus promotores jamás habrían pensado. De hecho, algunas apropiaciones
puntuales de inmigrantes son toleradas porque han podido mantenerse en
espacios ocultos que disimulan su presencia. Y los mismos espacios que
ocupan esos inmigrantes son, al día siguiente u horas más
tarde, lugar de paso de vecinos que acompañan a los niños
a las escuelas de la zona como la “del Bosc” o “Carles I”, así esos
espacios públicos se dan “como una dinámica infinita de colonizaciones
transitorias...” (Delgado, M.2007: 51)El parque es un lugar de ocio y encuentro
de muchas personas de diferentes lugares de origen, turistas europeos que
pasean o practican “jogging”, pakistaníes que juegan al cricket,
bolivianos y bolivianas que practicantes del fútbol entre muchas
personas, creadoras de dinámicas humanas, que se mueven en los lugares
que hacen de marco a estas interacciones. Montjuïc, como toda la ciudad
y sus espacios es una importante fuente generadora de nuevas socializaciones
diversas.La oferta turística es un filón económico
que va en aumento y los promotores no escatiman esfuerzos en buscar sacarle
el mayor provecho ante la indiferencia y/ o incredulidad de la mayoría.
Pero también hay muchos usuarios de los espacios del parque que
su condición de “extranjeros” les delata y no como turistas, sino
como inmigrantes que vinieron a Barcelona en busca de mejores oportunidades.
Ocupantes extranjeros “no turistas”
La inmigración “latina”, que
incluye a los países americanos, entiende el espacio de manera distinta.
Lo usa constantemente en sus países de origen para múltiples
acciones que en Barcelona no se ajustan a las ordenanzas municipales. En
enero de 2006 se aprobó en el Ayuntamiento de Barcelona la “odenanza
de civismo” que pone cotos a determinadas prácticas ciudadanas.
En la misma se habla de “medidas para fomentar la convivencia” y se dictan
unas “normas de conducta en los espacios públicos”como el comercio
informal, el deporte espontáneo en zonas restringidas, el compadrazgo
a veces no exento del facilitador alcohol.
La calle en Barcelona es vivida sin
complejos, pero a veces, esas formas de vivirla con ocupaciones esporádicas
o en momentos del día o la semana sistemáticamente permanente,
no es bien vista por las autoridades. Tienden a justificar esas concentraciones
como “generadoras de guetos” que no permiten el uso democrático
del espacio.
El caso de las redes cochabambinas
en Montjuïc
Según los datos del “Departament
d'Estadística de l’Ajuntament de Barcelona” de enero de 2006, casi
6000 de origen boliviano se habían empadronado en la ciudad. A partir
del 1ero de abril de 2007, la CCE exigió el visado a las personas
provenientes de este país como ya se hacía con otras nacionalidades
latinoamericanas, hecho que provocó, entre los meses de enero y
marzo, la venida masiva de la inmigración de originaria de Bolivia
(Bárbulo, T. 2008) Actualmente, la inmigración boliviana
ocupa el tercer lugar en número de personas en la ciudad, con casi
19 mil personas empadronadas.(Sanz, R.M. 2008)
Se percibe “de manera creciente
a una parte de migración internacional como una forma de vida cotidiana,
no como cambio entre dos formas de conditio humana, sino como una nueva
forma de conditio humana (Pries, L. 2000:4). Es decir que la migración
que antes se entendía entre dos lugares, uno de origen y otro de
destino, ha pasado a ser, en algunos casos, una forma de vida donde pueden
haber diferentes destinos de una misma red social y por interconexión
entre las mismas.
La inmigración boliviana en
Barcelona proviene en su mayoría de la ciudad de Cochabamba. Los
dos espacios deportivos más característicos que nuclean a
estas personas de esa ciudad son el campo de Sant Genís, en el distrito
de Horta Guinardó con inmigrantes provenientes del Valle Alto, y
la que nos atañe en el Parque de Montjuïc, cuyas comunidades
son originarias del Valle Bajo cochabambino.
Si bien otras redes sociales inmigradas
de América tienden a juntarse con personas de diferentes procedencias,
principalmente latinoamericanas, las redes de origen boliviano conservan
preferentemente su encuentro con personas del mismo país. Son redes
de “lazos fuertes”. Y aún más: se da el caso de que la Bolivia
de la “media luna” o “camba”, comprendida por las provincias del
Oriente del país recrean en destino sus disputas de la Bolivia “colla”,
proveniente de las comunidades indígenas del Occidente Boliviano
y en algunos no promueven sus interacciones.
Características del espacio
El espacio de “Viloma-Montjuïc”,
así llamado por sus ocupantes bolivianos de los sábados por
la tarde y los domingos durante todo el día, es un espacio privado
de 23.000 metros cuadrados en la falda de la montaña de Montjuïc,
a pocos metros de la Av. de la Exposición del “Poble Sec”, un barrio
de Barcelona. El pretexto del fútbol hizo que su uso se haya establecido
de forma permanente desde el verano de 2004. Actualmente compiten
de forma initerrumpida durante todo el años 20 equipos de fútbol
masculino y 10 equipos femeninos.

La referencia catastral que data
de 1930 destina la construcción de 180 m2 al comercio de la restauración.
El resto está considerado “zona verde” por el Plan General Metropolitano
bajo el cual se han de gestionar más de treinta municipios de Barcelona.
Como las demás zonas verdes del parque, tarde o temprano se
deberá regularizar, porque está sujeto a expropiación.
No obstante actualmente el uso que se le da es preferentemente público.
El espacio cuya visibilización
se hace difícil si no se accede al mismo, está enclavado
en la falda de la montaña, a doscientos metros del paseo que limita
el parque con la ciudad. La empinada cuesta no favorece el acceso, emula
los accidentes geográficos del Valle Bajo de Cochabamba, aspecto
que según los propios usuarios es también un factor que ha
animado a su uso.
Actualmente, durante la semana no
hay demasiados movimientos. Sólo algunas complicidades necesitadas
de privacidad que se instalan en este espacio o vecinos que salen pasear
el perro entre otras, alternan en un lugar donde desde hace más
de veinte años las coincidencias fortuitas o programadas han sido
poco estables y con poca presencia por sus características de espacio
casi invisible, apto para la trasgresión.
Del 12 al 27 de julio de 2003 se
realizaron en Barcelona los campeonatos del mundo de natación. El
lugar que había sido restaurado para los JJOO estaba reducido menos
de la mitad del espacio actual. En dicho espacio el Ayuntamiento
decidió conjuntamente con la “Agrupació Mútua” colocar
dos canastas de baloncesto y dos mesas de ping pong de manera de “adecentarlo”
para albergar a la prensa durante el desarrollo del campeonato.
Posteriormente el espacio cayó
en desuso y puntualmente se alternaban personas que podían tomarlo
como residencia precaria como ha sido el caso de algunos “sin techo” o
lo comentado anteriormente de la alternancia de jóvenes y vecinos.
“Cuando vinimos nosotros, dejaron de venir…se marcharon porque eramos más…”,
nos decía César un joven boliviano. Fue en ese momento, en
el verano de 2004 en que cristalizó la ocupación durante
los fines de semana por las redes sociales del Valle Bajo cochabambino.
“El descubrimiento”
El espacio en cuestión no
está ajeno a la problemática urbanística de Montjuïc,
su difícil acceso desde el Poble Sec lo hizo poco habitable. El
mantenimiento de las estructuras deportivas no se cumplía y aún
menos la limpieza del mismo invadido por la vegetación y desechos
de diversa índole que estas personas fueron recuperando con el tiempo.
Sólo un camino lleva hasta
el mismo desde la única entrada posible, es decir desde el noreste
donde está el campo de fútbol de Satàlia. Son cincuenta
metros de un camino angosto que a ambos lados suele tener abundante vegetación.
El trazado sinuoso con algo de pendiente impide la visibilidad de
lo que se encuentra después.
“El campo lo descubrimos
cuando queríamos venir a jugar. Al principio nos quisieron cobrar
en el campo de aquí al lado (Campo de Satália) y nos cobraban
mucho de alquiler y no podíamos pagarlo. Eran dos horas por las
tardes, sábado y domingo de 6 a 8. Un día vinimos a jugar
las chicas y nos botaron del campo porque los chicos no habían pagado.
Se dieron cuenta que éramos sus mujeres y amigas y nos echaron”.
Mª Eugenia.
Parece ser una constante en las redes
inmigradas de diferentes orígenes su preocupación por no
encontrar lugares propicios para la práctica deportiva. Durante
tiempo han sido desalojados para ir ocupando nuevos espacios de los que
nuevamente, en la mayoría de los casos, han vuelto a ser expulsados.
Esto es así no sólo en el fútbol, sino también
en el cricket que juegan los pakistaníes o en el “voley” ecuatoriano:
aún se mantienen espacios en Barcelona ciudad de este deporte, pero
la mayoría de los mismos han sido clausurados. Mikel Aramburu sostiene
que “en los países de origen de los inmigrantes hay una mayor autorregulación
social del uso del espacio público y más tolerancia frente
a apropiaciones puntuales” (Aramburu, M. 2004:34).
“Era muy monte, estaba todo
sucio y dos chicas entramos buscando para ir al baño y lo descubrimos.
Fuimos mi cuñada y yo y finalmente llamamos a las otras amigas.
Había dos canastas de baloncesto y dos mesas de ping pong. Así
fue que a partir de ese momento comenzamos a limpiar el lugar porque estaba
muy sucio…” Mª Eugenia
Estas personas provienen de zonas
rurales, de un valle a 2500 metros de altitud donde el altiplano comienza
a hacerse presente para ascender mil metros más. De manera que por
sus socializaciones de origen no entienden de “plazas duras”, del “dominio
de la línea”, o que cada cosa está hecha para cumplir una
función. La cultura la hacen servir en función de sus necesidades
y si la transformación del espacio la consideran necesaria la hacen,
porque las mismas les servirán para cumplir sus objetivos. De manera
que lo que estas personas transforman es para su uso y disfrute. Y si
tienen un objetivo secundario como el económico, no es determinante,
o, en todo caso, lo es pocoParece que la idea de encontrar un espacio con
características similares a sus lugares de origen está muy
generalizado entre los distintos miembros de la red social. La vegetación
abundante y la montaña es igual a Viloma,
“el pueblo es así
como esto…las plantas, la montaña y los árboles son muy similares…”
comentaba Oscar.
Un espacio de acogida
Cuando la llegada masiva de bolivianos
de enero a marzo de 2007, el espacio era un espacio de encuentro, información,
recepción y contactos. Un espacio que facilitó a los recién
llegados muchas ayudas que de otra forma hubieran sido muy difíciles
de encontrar. Un lugar donde se reúnan tantas personas del mismo
origen siempre se puede encontrar una habitación, un trabajo precario
o el consuelo de los que han pasado por situaciones similares. Por esta
razón la llegada era un acontecimiento: siempre habían personas
recién llegadas con las que se podía hablar de la situación
en ambos lugares, aquí y allá.
Pero para quienes ya están
y van saliendo de sus situaciones laborales precarias o ya han salido,
las gestiones relativas a origen y destino se cuecen aquí. El envío
de las remesas, la forma de gestionarlas en Bolivia, las distintas estrategias
que se comparten siempre como contraprestación, le dan al espacio
un carácter trasnacional.
Transformación del espacio.Durante
estos años, el espacio ha sufrido los cambios necesarios para la
práctica social y deportiva. El mismo es una gran terraza de más
de cuarenta metros de longitud por 25 de ancho que está prácticamente
rodeada de la ladera de la montaña que también hace servir
como graderío o vestuario provisional.El espacio con que se encontraron
estaba hace tres años reducido a una quinta parte de las dimensiones
actuales. La zona de las mesas de ping pong y las canastas de baloncesto
era la única zona limpia de vegetación y no ocupaba más
que el ancho de la actual pero solamente una quinta parte de su longitud.
La ubicación de las canastas no permitía el largo adecuado
para la cancha de fútbol, de manera que la retiraron unos metros
hacia la ladera noreste. Un de las mesas de ping pong “apareció
quemada” y actualmente sólo se mantiene la otra. Coincidentemente,
la mesa estropeada por desconocidos ocupaba el corner de la actual cancha,
lo que finalmente no dejó de ser una ventaja para aprovechar ese
espacio.
Detrás del gol sur-este, corre
la vía de un fonicular tren que sube la montaña. Es la continuación
de la calle Nou de Rambla que se adentra en la montaña hasta cruzar
la Av Miramar en su primera parada. Transportes Metropolitanos de Barcelona,
decidió, ante la nueva realidad, colocar una valla metálica
de 4 metros de altura que impida la caída de balones a la misma.
“Nos pusieron esa valla porque cada vez que se caía la pelota la
íbamos a buscar y eso era riesgoso… ahora sólo cae el diez
por ciento de los balones que caían antes…” César.
La mita: resignificación
de sus formas organizativas
Definir su bolivianidad en el proceso
de transformación del espacio podría ser interesante. Pero
el reto es la subsistencia en todos los ámbitos y si hay algo que
inventarse se lo inventan. Son estrategias de supervivencia que se manifiestan
en las relaciones, en las sociabilidades, en las formas de organizarse
y en cómo se dan apoyo para vivir en una sociedad en la que viven
en desventaja.
“desde épocas coloniales,
la mita, era una forma de trabajo por turnos a manera de tributo de los
pueblos dominados por los incas que se podía ejercer en las minas,
la agricultura o en la construcción de caminos y puentes”. El trabajo
parcelado o suyus es una forma de reestructuración del espacio que
en quechua significa mitad o parte. (de la Torre, L. 2006, pp. 67)
La organización de sus tareas
de transformación espacial mantiene una estructura de origen que
todos y todas cumplen por igual.
El sábado 14 del mes de junio
de 2007 se reunieron a trabajar como lo hacen en origen. Rolando, uno de
los responsables de la organización del campeonato en 2007 señala
que:
“Los suyus son unas divisiones
del terreno. Cada equipo hace dos metros cuadrados hasta el final del terreno…
es una tradición que hasta ahora se mantiene. Se hace para
limpiar canales cuando crece el rio Viloma y cuando es la época
de regar lo llaman mita. Cada comunidad tiene sus turnos de agua y a cada
comunidad se le atribuye un suyu para que limpien la acequia…”
Los originarios del Valle Bajo que
actualmente superan las doscientas personas, tienen principalmente en los
originarios del pueblo de Viloma a los gestores del espacio. Son ellos
quienes dan y quitan opciones de participación a otras comunidades
del Valle Bajo originarios de otros poblados como la confección
de los campeonatos, pero el espacio tiene sus verdaderos propietarios que
son los que lo descubrieron.
Luchas por la hegemonía
Los grupos que ocupan el espacio
público de Viloma Montjuïc se mantienen “vivos” y el garante
de esta condición se traduce la constante disputa hegemónica
en el espacio, ya sea con otros clubes de fútbol, recreando luchas
de origen, problemas de género o con los “autóctonos”.
Generalmente sus afinidades tienen
relación de parentesco o afinidad territorial, de manera que los
grupos que alternan el lugar son principalmente de familias y de amistad.
La lengua quechua es un lazo necesario para las cercanías y para
las divergencias espaciales.
Otros grupos del Valle Bajo disconformes
con la gestión veladamente autocrática del grupo hegemónico,
han intentado generar formas de gestión que finalmente no han cristalizado.
El último campeonato organizado por un grupo de otras comunidades
cercanas en origen tuvo hizo un intento de cambiar la situación,
procurando darle aspectos más formales con la organización
de sorteos, la idea de asociarse y formalizarse como club. Pero la idea
no tuvo eco.
También alternan en el campo
con pretensión de poder el grupo de los árbitros. La mayoría
de origen cochabambino pero no del Valle Bajo se han organizado de manera
de alternar los arbitrajes que les proporcionan una entrada económica
extra los fines de semana. Este grupo tuvo también su momento de
resistencia. Organizaron por su cuenta los sábados por la mañana
una escuela de fútbol para niños, compraron material para
la enseñanza y empezaron a trabajar. Se rumoreaba que ellos querían
“quedarse con el espacio”. Sin embargo estuvieron prácticamente
parados durante dos meses: el grupo de poder de Viloma no directamente,
pero sí estropeando las propuestas, logró nuevamente mantenerse.
De manera que las luchas entre “no
distintos” se dan constantemente, pero dominio hegemónico de momento
se mantiene por parte de los primigenios descubridores del espacio.
El fútbol, el pretexto
ideal
Seguramente
es injusto el título de este apartado, porque el fútbol para
muchos no es un pretexto, sino una manera de disfrutar sin más.
Sin embargo es verdad que el carácter socializador del mismo se
impone. Al partido del domingo no asisten jugadores y jugadoras solamente,
es la familia –para los que la tienen en la ciudad- la que asiste a reunirse
con las demás personas que saben que van a encontrar. Es un microespacio
donde las relaciones de acercamiento se consolidan y las otras, las de
las diferencias muchas veces también. El espacio es un constante
enjambre de gente que viene y va saludando a unos y otros, y en algunos
casos, como si se hubiesen trazado un circuito de antemano, pero que en
realidad es espontáneo, imprevisible porque los gustos de la socialización
se van dando y los objetivos de compartir con tal o cual no siempre están
previstos.El campo reducido sólo permite jugar a equipos conformados
por seis jugadores. La reglamentación es la del fútbol de
salón, pero se juega en tierra, el balón es de fútbol,
los arcos no tienen las medidas reglamentarias, pero estas reinvenciones
reglamentarias no estropean la competencia que es cualitativamente importante.
Hombres y mujeres se toman muy en serio la competencia y en la corta vida
de los campeonatos, se empiezan a definir equipos de prestigio.
Recreando luchas de “allá”
con otros bolivianos
Las diferencias de origen entre “cambas”
y “collas” se traducen en una rivalidad que el fútbol mediatiza
y que parecería necesaria en tanto que les ayuda a recrear sus identidades.
Las diferencias sociales, políticas
y económicas a las que los verdaderos grupos de poder del país
soliviantan aún más con conceptos diferenciales de cultura
y raza siguen reproduciéndose en el espacio de Montjuïc. Las
divergencias que han tenido con los equipos que representan al oriente
han finalizado con reyertas difíciles de controlar. Tal es el caso
de un domingo de julio del pasado año, durante la final de la liga.
Pero el conocimiento de la llegada de la policía hizo a más
de uno ser consciente de su no ciudadanía aspecto más convincente
que las razones de quienes intentaban poner cordura. Y así fue que
el espacio se abandonó en segundos. La consciencia de ilegalidad
supera sus divergencias encarnadas y confirma que siempre hay algo más
importante que la confrontación identitaria.
A partir de ese momento no se han
inscrito equipos del oriente boliviano. La red así se hizo más
fuerte y densa, aspecto que no favorecería a su participación
más allá de los límites del espacio.
Con los “autóctonos”
Las diferencias con los grupos de
jóvenes que usaban el espacio para fumar porros tuvo, como anteriormente
se mencionó una solución relativamente fácil. Visto
que los “autóctonos” se percataron de que los nuevos “eran más”,
dejaron de venir. De ahí que las relaciones con los “autóctonos”
sean prácticamente inexistentes. Pocas personas suelen ir más
allá del camino que precede al espacio mientras ellos lo ocupan.
Las resistencias de los “autóctonos” se dan durante la semana. Los
organizadores de la liga suelen quejarse de las incursiones en el espacio
que han tenido que soportar cuando ellos no lo usaban: quema o robo de
las porterías, pintadas con graffitis de las carteleras o tener
que limpiar cada fin de semana lo que los dueños de los perros no
recogen.
Problemas de género
“Cuando descubrimos el espacio le
dijimos a los chicos que si querían jugar, tenían que dejarnos
jugar a nosotras”, explica María Eugenia. De manera que las chicas
llevan su liga y los chicos la suya. Aún siendo de los mismos grupos,
las divergencias entre unos y otras se dan muy frecuentemente. Un chico
comentaba que “con las chicas es imposible tratar… nunca están
de acuerdo en nada…” Horarios de ocupación del espacio, estrategias
para hacer conocer o gestionarlo, diferentes maneras de conseguir recursos
económicos, entre otras son las razones de las mismas.
Si bien los ingresos que pudieran
tener por la organización de las ligas pueden llevar a murmurar
a algunos que los otros se están quedando con algún dinero
de las inscripciones, la realidad es que gestionar a cuatrocientas personas
deportistas durante un día a partir de las 7.30 de la mañana
ha de tener su contraprestación. De todas maneras si algún
dinero ellos pudieran quedarse está claro que los números
no dan para mucho porque los premios en efectivo y los trofeos se ajustan
a lo recaudado en las inscripciones.
No obstante las ligas femenina y
masculina están separadas en horarios, finanzas, calendarios, etc.
La necesidad del negocio informal
Barcelona está cayendo en
estos momentos en una verdadera crisis económica que ha repercutido
principalmente en las personas más desfavorecidas. Muchas personas
bolivianas ven frustradas sus ilusiones de un futuro más halagüeño
y se ven en la necesidad de hacer lo necesario para que la familia salga
adelante.
“J” es economista, no tiene papeles
y necesita tener ingresos para su familia. Su mujer está a punto
de tener un bebé:
“fíjate en la situación
en que me encuentro, soy economista y tengo que vender lo que pueda, en
este caso cd’s...sé que no se puede, pero no tengo otra alternativa.
Además la gente boliviana no compra, los que compran son los españoles,
pero si tengo que exponerme en un lugar más abierto pueden detenerme...”
La situación de cierta invisibilidad
dentro del espacio les da no sólo la posibilidad de estar entre
“no distintos”, aspecto necesario para aliviar la añoranza, sino
también un lugar “propio” donde se entiende formas de vivir el espacio
más cercanas a lo que están habituados.
Hay tres familias que han instalado
verdaderos puestos de venta de las empanadas “salteñas” o de queso,
bebidas o el típico el “mogochinchi” una especie de jalea
de melocotón hervido con azúcar y canela. En tanto que no
hay en otro lugar, estratégicamente colocadas, lejos de la entrada
principal y a resguardo de ser sorprendidas por quienes hacen cumplir la
ordenanza que impide la venta ambulante, hacen de su territorio un sub-espacio
donde las relaciones se dan generalmente de manera más abierta y
los consumidores, como verdaderos parroquianos platican mientras disfrutan
de las comidas de origen.
Conclusiones
El deporte del fútbol ha permitido
a jóvenes bolivianos el conocimiento de nuevas estrategias de participación
en la sociedad de acogida. Cuando algunos de los protagonistas llegaron,
su competencia en el medio local era muy baja. El encuentro con sus paisanos
les ha dado nuevas tácticas y estrategias que le favorecen su estadía
y alivian sus necesidades de afecto.
Los espacios públicos son
lugares de libre participación pero también de conflictos
que en las personas del Valle Bajo han permitido recrear algunas socializaciones
generadas en origen y conformar nuevas, ajustadas a los objetivos pretendidos
en la sociedad de acogida.
El deporte en la ciudad de Barcelona
es poco accesible porque requiere de dinero para su práctica. Aún
más, el deporte que requiere de instalaciones adecuadas y organización.
Aquí por un precio mínimo se consigue una práctica
suficiente.Si bien la práctica en espacios públicos mediante
apropiaciones puntuales o estables nunca ha podido perpetuarse, hasta el
momento las autoridades del Ayuntamiento de Barcelona han sido permisivas
en este caso, lo que puede ser una incipiente forma de contemplar al espacio
público como generador de socializaciones que no tienen por qué
ser apremiadas para cumplir con las formas sociales hegemónicas.
Notas
Licenciado en Educación física por la Universidad de Barcelona
y doctorando en antropología social.
Esa llegada de mano de obra requerida de otros lugares de Cataluña
y España tiene su paralelismo en la actualidad con el auge de las
promociones inmobiliarias -mermada por la crisis económica de la
primera mitad de 2008- y el reclamo que provocó a personas de fuera
del estado español.
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